La ciencia social moderna procede temáticamente. Convierte en actividad social relevante el hablar acerca de las cosas. En este caso, El carnaval de Barranquilla se convirtió en tema de discusión y permitió advertir algunos elementos condicionantes del desarrollo sostenible de nuestra región.
“El Carnaval es una fiesta de Colombia para el mundo. Una fiesta de cumbias, porros, mapalés, gaitas, chandés, puyas, fandangos y fantásticos merecumbés. Una fiesta de sones y danzones. Una fiesta que recoge tradiciones basadas en la creatividad de nuestros pueblos expresada en la danza, en la música, en las artesanías, en los disfraces y en las formas de festejar.
La fiesta de Guaranás, las danzas del Garabato o el ritmo Pajarito, la danza del Torito, el Congo Grande de Barranquilla, Las Marimondas del Barrio Abajo, La Danza de los Micos, los Diablos Arlequines de Sabanalarga, Las Farotas de Talaigua Nuevo, las Negras Bollongas, Las Fanfarrias de Carnaval, El Festín del Gallinazo, La Cumbia Soledeña, son, entre otras, expresiones de la diversidad cultural que el Carnaval amalgama en una gran corriente de vida que sube desde Barranquilla a toda la nación, con el ánimo de cubrirla de amistad, de alegría y de tolerancia.”
Así se presenta el Carnaval de Barranquilla (Fundación Carnaval de Barranquilla, 2011) en una página de internet. Son evidentes el propósito mercantilista (“para el mundo”) y la condición de espectador que atribuye a los extranjeros, mientras que se reserva para los nativos el rol de actores (“expresiones”). Y la mercancía de la que se trata se evidencia en el siguiente comentario:
“El tradicional y famoso Carnaval de Barranquilla, uno de los más festivos y coloristas del mundo y cuyo mejor símbolo es la alegría, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), mediante decisión tomada el pasado 7 de noviembre de 2003, en París.” (Carnaval de Barranquilla, 2011)
Desde el punto de vista cultural, se dice que uno de los aspectos destacados del carnaval en general es la risa y que su lógica es antagónica a la de la ciencia: la ambivalencia actor/espectador, la máscara que señala la pérdida de individualidad y el surgimiento del anonimato. (Iglesias, 2011) Por lo que resulta paradójico convertir en tema académico el carnaval. Así que es probable que se esté del lado de la ambivalencia, con forma de rigurosidad. En fin, este documento pretende destacar las posibilidades del carnaval de Barranquilla para potenciar el desarrollo sostenible de la ciudad, haciendo visibles las características de su subjetividad y la dinámica que se revela por la presión global para mercantilizarlo.
La subjetividad, entendida usualmente como opuesta a la objetividad, cuando no como interioridad en contraposición a exterioridad, no pretende ser una referencia (un acerca de), sino la condición de la existencia humana, manifiesta en la experiencia cotidiana, la vivencia y la acción. El carnaval de Barranquilla como ritual pervive por una cierta subjetividad, que contiene ella misma las condiciones para su desarrollo ulterior, cuya sostenibilidad cabe analizar.
Uno de los elementos de la subjetividad, es su historicidad. Es decir, el hecho de vincular significativamente lo que ocurre, con lo pasado y lo porvenir. La Batalla de Flores como reacción a la guerra de los mil días. La tendencia mercantilista del carnaval tiende a negar estas dimensiones, destacando el carácter histriónico (la risa) y el producto demandado (alegría). Pero el carnaval contiene además un ciclo de repetición típico, originariamente emparentado con la agricultura y hoy vinculado al inicio del año laboral, escolar y comercial. También incluye las nociones de duración, de terminación (la muerte de Joselito), de purificación (miércoles de ceniza). Y destacan en el ámbito local, la valoración del presente (quien lo vive es quien lo goza), frente al futuro. Los extranjeros en el carnaval están de vacaciones. El carnaval no hace parte del plan de sus vidas, sino como entretenimiento en medio de sus carreras aceleradas. No interrumpe la preponderancia que el futuro tiene en el desarrollo de sus actividades. El nativo de la ciudad se gasta sus ahorros en él. Trasnocha y disfruta con desenfreno, hasta el cansancio y la inconsciencia. El mañana aparece relegado.
Otro elemento de la subjetividad, es la socialidad. El proceso mediante el cual la propia identidad surge como respuesta a las relaciones sociales en las que estamos inscritos. Las Farotas de Talaigua como mecanismo de reacción astuta de los nativos frente al abuso de los españoles. Aquí también la mercantilización privilegia la relación actor/espectador. Y en esta dimensión la colonización parece más evidente. Cada vez son más numerosas las personas que participan del carnaval con intereses mercantiles (comprar/vender bienes y servicios). No obstante, persisten paralela e intensamente otros tipos de socialidad como la del anonimato que impone un disfraz y trastornan el orden habitual de la ciudad, para convertirla en un teatro de personajes que le dan la oportunidad al transeúnte de reinventarse en un rol alterno. Igualmente, las muecas en el rostro, distanciadas de su correspondiente estado interior, confirman un teatro de realizaciones humanas alternas, transitorias, que no permiten categorizar definitivamente (loco, bobo, lunático, marica). Sólo durante el carnaval.
Finalmente, la reflexividad también es un elemento de la subjetividad que tiene especial valor en la modernidad. La mercantilización lo reduce objetivando el carnaval y sometiéndolo a análisis cultural, económico, político. Tiende a negar su inherente ambivalencia. El hecho de que es ocasión para que muchos se embriaguen y pierdan la consciencia. A lo cual generalmente se atribuyen las muertes, heridas y daños. Se califican de excesos, de abusos, de desordenes, sin caer en la cuenta de que el carnaval es precisamente exceso, abuso y desorden.
El carnaval de Barranquilla nos permite advertir todos los años, el carácter ocasional de nuestra percepción de realidad. Pone en escena nuestra condición histórica y convierte a la ciudad en un teatro de relaciones sociales alternas. El sólo vivirlo es afortunado. Ojalá las presiones mercantilistas no consigan su propósito de cosificarlo y las reflexiones de la academia avancen descubriendo los contenidos ocultos, para favorecer la emergencia de relaciones sociales solidarias alternas.
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